Cuatro personas sonrientes sentadas en el piso del estudio.

Desde 2017

Más que un estudio. Un lugar para conectar.

Entrar solo a un estudio nuevo puede ser lo más difícil. Hemos creado un espacio donde esa incomodidad no dura mucho.

Abrimos en 2017 porque queríamos que Sayulita tuviera un lugar seguro para el movimiento que fuera de todos, no solo de los visitantes. Un lugar donde locales y turistas pudieran practicar juntos, probar algo nuevo y sentirse bienvenidos.

Seguimos abiertos seis días a la semana, todo el año, con distintos estilos de yoga, danza y movimiento. Queremos que te sientas a gusto al cruzar la puerta, incluso si vienes solo y no conoces a nadie.

El estudio ha crecido con los años, pero la idea sigue siendo la misma: un lugar para moverte, aprender y conectar con otras personas. Ven, prueba una clase y mira cómo te sientes.

Seis personas sentadas juntas en el suelo del estudio.

En el corredor de salud de Sayulita

Estamos en el corredor de salud y bienestar de Sayulita, junto a la tienda de productos orgánicos del pueblo, con fisioterapeutas, cafeterías y estéticas europeas como vecinos. Es una parte muy bonita del pueblo que vale la pena conocer.

Estamos a unos ocho minutos caminando de la plaza, con estacionamiento si vienes en carro desde Puerto Vallarta o te quedas fuera del pueblo. El estudio tiene aire acondicionado, que hace la práctica más cómoda con el calor del verano, y de paso mantiene a raya a los mosquitos.

Échale un vistazo al horario para ver las clases de ahora y los próximos talleres y retiros. Si no sabes qué clase es para ti o tienes una duda antes de venir, revisa nuestras preguntas frecuentes. Y si no encuentras la respuesta, escríbenos. Con gusto te ayudamos.

Una practicante toca cuencos de cristal en el estudio.

Libertad en el cuerpo

Desde principiantes totales hasta personas que llevan veinte años practicando, encuentra la clase que va contigo.

“La vida es complicada, el cuerpo duele, pero la respuesta está en el yoga. Puedes resolver muchos problemas si tienes libertad de cuerpo, mente e inteligencia.” -Geeta Iyengar

Si nunca has hecho nada de esto, dínoslo cuando nos escribas. Te guiaremos con nuestra experiencia.

Una mujer practica una extensión de espalda con bloques de corcho junto a la pared de cuerdas.

Nuestras maestras, distintas tradiciones

Nuestro horario reúne distintos estilos de yoga, movimiento y danza, impartidos por maestras con su propia formación, experiencia y forma de trabajar. Así nos gusta.

Si pruebas una clase y no es para ti, no descartes las demás. Cada maestra aporta algo distinto, así que prueba varias y mira cuál va mejor contigo.

Docentes y participantes comparten una práctica en el suelo del estudio.

El estudio es solo una parte

Sayulita es tan pequeño que lo cruzas caminando en veinte minutos, ¡aunque detenerte a saludar a todas las caras conocidas puede hacerte llegar tarde a clase! Eso es parte de lo que hace especial vivir aquí. La comunidad es cercana, la gente se conoce y gran parte de la vida diaria sucede a pie. Puedes ir caminando al yoga, verte con alguien para desayunar, bajar al mar y seguir con tu día sin necesitar carro. Es una de las cosas que más nos gustan de vivir aquí.

Cuatro mujeres se ríen juntas en el estudio.

Locales y visitantes

Queremos que las clases sean accesibles para las familias locales, por eso las clases infantiles de tap, ballet y jazz cuestan $120 MXN. Las clases para adultos empiezan en $250 MXN.

No necesitas inscribirte a un curso ni comprometerte a nada. Ven, prueba una clase y mira cómo te sientes. También ofrecemos paquetes y membresías mensuales para locales, porque eso fue lo que nuestra comunidad nos pidió. Queremos que todos se sientan bienvenidos a practicar y moverse, sin preocuparse por comprometerse a más de lo que pueden pagar.

Niñas y niños participan en una clase de danza en el estudio.

El movimiento no se queda en el estudio

El surf es una parte importante de la vida aquí y le cobra factura al cuerpo. Algunos de nuestros alumnos salen a remar temprano cada mañana y después vienen a yoga para estirar, trabajar su alineación y darle a su cuerpo algo diferente.

Pero Sayulita es más que el surf. Puedes caminar por la selva, explorar las playas vecinas, pasar tiempo junto al río o, en invierno, ver ballenas jorobadas a lo largo de la costa. Una de las cosas bonitas de practicar aquí es que al terminar la clase puedes salir directo a disfrutar todo lo que te rodea. Así se arma un muy buen día.

Tres personas practican con la pared de cuerdas y accesorios de yoga Iyengar.

Comer bien aquí es fácil

Los viernes por la mañana suelen ser de mercado, donde productores y artesanos locales de los pueblos cercanos venden sus productos y cosas hechas a mano. Puedes ir por unas verduras y terminar una hora platicando con la gente en el camino. Así es Sayulita.

También hay tiendas pequeñas con productos orgánicos, juguerías y licuados, panaderías que hacen buen pan y muchos lugares para comer rico. Pronto descubrirás tus favoritos. Pregúntale a cualquiera en una clase de yoga dónde compra o come, ¡y con gusto te dirá a dónde ir!

Una mujer practica un equilibrio lateral en el estudio.

Cómo es realmente una comunidad

Es más que un horario de clases. Es saber qué maestra da clase hoy, reconocer a la persona de al lado o tener un lugar a donde ir a las nueve de la mañana cuando eres nuevo en el pueblo y aún no conoces a nadie.

Es una familia local cuyo hijo lleva tres años viniendo a ballet, compartiendo salón con alguien que visita Sayulita por cuarta vez y que reserva su clase antes incluso de reservar su vuelo.

Una comunidad así toma tiempo. No se compra ni se crea de la noche a la mañana. Es de lo que más orgullosos estamos y por eso mantenemos el estudio abierto seis días a la semana, incluso cuando Sayulita está tranquilo.

Nueve mujeres reunidas para una fotografía de grupo en el estudio.

Tu siguiente paso

Encuentra tu próxima clase.

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